Cielo en el Infierno

La gente tiene una idea preconcebida de la muerte, el cielo y el infierno que se aleja mucho a la realidad. Cuando uno muere tiene la opción de elegir si quiere redimir sus pecados o no y, por la tanto, ir al cielo o al infierno.
Aquí está el punto, la gente cree que el cielo es un lugar maravilloso entre las nubes y el infierno un lugar apestoso a hollín y bajo tierra, pues no. Ni lo bueno es tan bueno ni lo malo es tan malo.
Ambos reinos se sitúan en un mundo paralelo entre la tierra y, comunicado por portales. La diferencia es quien gobierna y las diferentes jerarquías. En el cielo gobierna el Ser Supremo, luego van los arcángeles, los ángeles y los ángeles de la guardia; en el infierno está Satán y los diablos.
¿Y qué somos nosotros? ¿En que nos transformamos aquellos que morimos? Pues si eliges la redención, eres un ángel de la guardia y si escoges la vía fácil, con diablo.
¿Que los diferencia?
Pues si escoges redimir tus pecados estarás toda una eternidad para conseguir el perdón, yendo a la Tierra como ángel guardián y ayudando a la gente pecadora, normalmente encarrilando a aquella gente que comparte tus mayores pecados cuando estabas vivo. ¿La estafa? Que tus pecados cuentan desde el momento de nacer.
En cambio, si eres un diablo, te encargas de ir al mundo de los vivos a promover tus pecados, por ejemplo: si tu mayor pecado en vida fue la gula, pues se trata de incentivar o tentar a comer. ¿Qué me dicen?
A mí nadie me aviso y, como la mayoría de hijos de padres creyentes, te inculcan el buen camino, el difícil y, ahora, después de centenares de años, me encuentro en el cielo, redimiendo mis pecados para conseguir ser, en alguna era, un ángel.
No obstante, estoy segura que estoy en el lugar erróneo. Mi mayor pecado fue la lujuria y, créanme, todavía no me arrepiento de ello. No puedo negarlo, sé que mi lugar no es este pero, como voy a ir a, no sé, a Dios o a la secretaria de los ángeles y decirle: hola, soy AG-66 y quiero ir al infierno, ¿sabe?
Se me reiría en la cara y me tomarían por loca y, por si os disteis cuenta o no, en el cielo no tenemos nombre, no hasta que eres un ángel, claro. Por lo tanto, ahora soy la morena angelito de la guardia AG-66 con complejo de demonio.
Sin embargo, la cosa no queda así y, hace un par de años descubrí una grieta en un portal que comunica al infierno y, una vez al mes bajo a disfrutar de la vida, si puedo llamarla así.
En el infierno el exceso y el libertinaje están al día y, siempre me dejo caer por el bar rojo, donde me procuran el placer que me vetan en el cielo. Es un bar íntimo, donde puedes tomar el más exquisito chocolate suizo del universo y, además, con servicio extra.
Hoy me encuentro en el, vestida con un ligero vestido negro que se ciñe a mis curvas y unas botas negras. Me siento en la esquina de siempre y le pido a la morena camarera un suizo bien caliente. En un santiamén me lo sirven y la camarera, con un gesto cómplice se me acerca y me susurra:
-¿Lo de siempre?
Su voz seductora me eriza los pelos de todo el cuerpo y me limito a asentir mientras ella se sitúa entre mis piernas, debajo de la mesa y empieza su trabajo. Sí, este bar es así, a todos los clientes les procuran sexo oral y, del mejor. La única pega es que todo son mujeres las que trabajan pero, al final una no puede decir que no.
Sus finas manos me bajan el “culotte” y acarician mi sexo, haciendo que se me escape un suspiro. Noto como su aliento roza mi clítoris e involuntariamente empujo mis caderas para que empiece a mover su lengua.
El vaivén se su lengua arranca en mi un gemido que es sofocado cuando noto la intrusión de sus dedos en mi interior. El placer se extiende primero, despacio, por la barriga y sube rápidamente hasta que finalmente, exploto en un orgasmo que me hace vibrar de pies a cabeza.
Después de eso, me tomo el chocolate y me relajo. Decido que es hora de dar una vuelta y dejo el dinero encima de la mesa. Todo el bar está repleto de hombres y alguna mujer y, mientras me dirijo a la puerta un hombre me agarra de un brazo, empujándome hacia él.
-Perdona, te estas confundiendo, yo no trabajo…
Pero me calla con un dedo y me empuja hacia el suelo donde me recibe su pantalón desabrochado y su enorme polla, produciendo que se me olvide cualquier otra cosa y de paso a un feroz apetito.
La agarro entre las dos manos y empiezo a pasar la lengua desde la base hasta la punta, degustando cada centímetro de piel y deleitándome con sus suspiros, suspiros que quiero que se conviertan en gemidos y, empiezo a centrarme en el capullo.
Le paso la lengua en círculos y me la meto en la boca, llenándome y, mientras sigo con la lengua, acompaño el movimiento con una mano, apretando ligeramente a la vez que subo y bajo por toda su erección.
Los gemidos se acentúan a la vez que aumento la velocidad con la lengua y la mano y noto como empieza a temblar y a arquearse hacia mí. Su mano se sitúa en mi cabeza sin apretar y, el simple hecho me excita todavía más.
Entre sus gemidos y los míos oigo que susurra un “me corro” y, aunque hace ademan de apartarme, me quedo en el sitio y sigo chupándosela hasta que se corre dentro de mi boca y me aparto, cogiendo un pañuelo y limpiándome.
Me quedo plantada delante de él, mirando su expresión de placer y me siento realmente bien, sin embargo, se que me tengo que marchar ya, o sospecharan de mi prolongada ausencia y, sin mediar palabra, le dedico una sonrisa y me voy.

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